martes, 12 de febrero de 2013

Saga de Geralt de Rivia (Andrzej Sapkowski)

Hace un par de meses que descubrí la Saga de Geralt de Rivia que es digna de leer. Su estilo es fluido y muy rápido, mezclando narraciones de cuentos populares (como una mención a una mujer que vivía en unas condiciones muy parecidas a las de Blancanieves) y alusiones a seres mitológicos y de influencia eslava (sobre todo polaca ya que el autor procede de allí). La saga se compone de 7 libros (8 en la edición de Bibliópolis que yo tengo) de unas 200-250 páginas llenas de aventuras de nuestro protagonista, de Yennefer la hechicera y Jaskier el trovador principalmente, aunque a partir del segundo libro aparece un personaje que será vital para nuestro protagonista de Rivia.

Geralt de Rivia es un brujo que en su infancia fue "secuestrado" por los brujos, los que le sometieron a un entrenamiento y le hicieron tomar unos elixires a los que solamente sobreviven unos pocos, es algo así como el entrenamiento espartano de la época, para que os hagáis una idea. Estos elixires le quitaron su humanidad, lo convierten en un mutante que técnicamente no tiene sentimientos, le convertían en alguien a quién solo debería preocuparle aquello para lo que fue entrenado: matar monstruos a cambio de dinero. Pero, nuestro brujo no será tan despreocupado como debiera, sino que se tomará bastantes molestias por los demás de una forma muy curiosa, en parte como hace la gente tímida, sin ser demasiado amable. Tiene dos espadas que usa como armas, una de acero y otra de plata para encargarse de personas o monstruos según necesite, ayudado de otros elixires que le ayudan a mejorar sus capacidades, ya de por sí bastante buenas como lo es ver en la oscuridad y moverse de forma extraordinaria

Yennefer es el amor-odio de Geralt, nunca sabes si cuando acabe el capítulo van a intentar matarse o terminarán en la cama. Ella es una hechicera que tiene cientos de años, pero no sabemos cuántos porque es de mala educación preguntarle la edad a una dama, que se mantiene joven gracias a conjuros; aunque Geralt cree que era una jorobada antes de someterse a los cambios por una especie de visión que tu acerca de ella una vez cuando estaban juntos. Dichos conjuros conllevaban unos cambios que son uno de los mayores rompecabezas de la relación. Como ella es hechicera y como les pasa a la mayoría no puede tener hijos debido a cambios hormonales, cosa que cuando era joven no debió importarle mucho sacrificar a cambio de poder pero que ahora la martiriza.

Jaskier es el mejor amigo del brujo, aunque personalmente yo no encuentro que le aporte mucho como amigo porque siempre le mete en más problemas que en otra cosa. Es un bardo muy conocido en todas partes, sobre todo donde haya realeza ya que le gusta codearse con lo más selecto. Su mayor habilidad, además de su forma de tocar el laúd y cantar es la facilidad que tiene para engatusar a cualquier mujer, vamos, es un mujeriego y eso les mete en bastantes jaleos. Recuerdo una parte de un libro en la que una mujer harta de él tira sus cosas por la ventana de una forma bastante violenta...

Cirilla de Cintra, llamada Ciri aquella que dije que aparece de repente. Es una niña de la sorpresa que está ligada a Geralt por una promesa. La promesa consistía en que le darían aquello que no sabían que tenían, en este caso la mujer a quién se lo dijo estaba embarazada por lo que la niña estaría mágicamente vinculada a él a través del hilo del destino. Está niña al principio será rechazada por Geralt que se arrepiente de haber usado el derecho de sorpresa ya que no quiere responsabilizarse de la niña, pero se da cuenta que no se puede huir del destino ya que ambos están ligados y siempre se encuentran. Ciri es tomada como pupila y aprende con los brujos en su torre, Kaer Morhen aunque como tiene habilidades especiales al final se Yennefer se ocupa de enseñarle hechicería.

Como siempre, os lo recomiendo encarecidamente que leáis los libros

Casandra

Arena (Magic - El encuentro): William R. Forstchen


A veces me sorprende como algo que jamás nos ha llamado la atención consigue cautivarnos si le damos la oportunidad. A mi me ha pasado muchas veces, entre otros motivos porque soy un poco incrédula (como norma general) y porque mi hermano tiene un gusto un tanto peculiar. Mi hermano, justamente fue quién me recomendó el libro Arena: el encuentro, primero le miré mal, luego entrecerré los ojos y de golpe los abrí; me estaba recomendando un libro sobre las Magic, sí, las cartas. No le miré mal por hobby ni nada, pero a mi aunque me apasiona la fantasía jamás se me hubiese ocurrido leer un libro sobre las Magic (que debe sonar tan poco emocionante como me sonó a mí), pero debo decir en su defensa que es de los libros más interesantes que he leído.

El libro comienza cuando nuestro protagonista, Garth, que tiene la peculiaridad de ser tuerto (por eso le llaman Garth el Tuerto), llega a la ciudad y presencia en la Arena de combate una lucha mágica entre dos casas. Mientras observa, Garth se anima a entrar en la arena y se enfrenta a un luchador de tercer nivel al que mata, cosa que al Gran Maestre molesta, ya que le ha matado alguien que pertenece al populacho, que no tiene ningún nivel de luchador y que ha conseguido hechizos del luchador al que mató que pertenecía a la casa naranja. Por eso mismo, decide esfumarse sin que nadie sepa adónde con la ayuda de un mendigo

A partir de ahí, nuestro amigo tuerto se rodea con lo peor de la ciudad, como suele pasar con la gente errante, que curiosamente es la gente más honrada que vive en la ciudad. Los mendigos le dan cobijo y le explican el funcionamiento de la ciudad, que se centra en la existencia de las casas mágicas que se dividen en 4 colores: naranja (Casa Fentesk), púrpura (Casa Ingkara), marrón (Casa Bolk) y la gris (casa Kestha); aunque antiguamente, 20 años antes existía también la casa turquesa que ostentaba el poder antes de ser masacrada.

Con toda esa información y una poca más que logra conseguir Garth, se une a la casa gris, teniendo como "sirviente" al mendigo que le ayudó a huir, Hammen, aunque éste solo accede a ser su sirviente durante el Festival, en el que luchan todas las casas para conseguir ir con el Caminante, que es una especie de ser superior que domina el maná.

Para saber si nuestro Tuerto consiguió lo que buscaba, si es que buscaba algo, te recomiendo que leas el libro porque contra todo pronóstico te enganchará y no podrás dejar de leerlo.


Casandra

viernes, 8 de febrero de 2013

esperando el 29


Gentes serias, caras largas; abismos en los que no puedes más que caer si tropiezas. Aquí no hay luz, no hay sol. Nadie regala una sonrisa; al mirarlos no encuentras sino ceños fruncidos o gafas de sol que ocultan al mundo una mirada vacía.

Van encorvados, encerrados en sí mismos para no ver lo que hay dos pasos adelante. Pensando siempre en su hacienda, en negocios, en el sucio dinero, en definitiva.
Nunca paran a contemplar dos minutos la belleza de una balconada u observar el salto del gorrión hacia la miga de pan.


E. Nolde, Máscaras, Vida cotidiana III, 1911



No nos conocen. No se conocen. Ni quieren hacerlo, pues no saben lo que es. No necesitan eso...
Yo no quiero ser como ellos, -ahora lo comprendo- yo quiero volar, vivir en otros mundos. Ambientes mágicos donde no se mida a las personas por lo que tienen. Donde no se emitan juicios de valor sin tener ninguna referencia. Quiero encontrar personas que me hagan crecer y dejar alguna huella en ellas.

Quiero ser libre, escribir, cocinar, hablar francés...

JE VEUX VIVRE!

(junio de 2008, Zaragoza)

lunes, 4 de febrero de 2013

Campesino

  Ya era hora de empezar a trabajar. El sol acababa de salir en la sierra de Santa Ana, dando vueltas como de costumbre. Comenzaba otro prolijo día y nuestro aldeano se calzó las usadas abarcas, se abrochó el chaleco de cuero rojo que tanto le gustaba y cogió la azada.

  Caminaba alegre en dirección al huerto. Este año la cosecha parecía abundante. Silbaba una melodía que había aprendido en la proyección de un filme en el pueblo; la letra venía a decir algo así como "iff ai güere a rich man", pero él no sabía qué significaba aquello.

  Transcurrió una hora antes de que pudiera abrir la verja que protegía su cosecha de las ovejas y las cabras de sus vecinos. Llenó el botijo que le esperaba al lado del pozo y bebió un largo trago. Ya estaba listo para empezar.

  Palmeó dos veces antes de sujetar firmemente la azada. Cuando la alzó sobre su cabeza, en la hoja metálica bailó un rayo del sol del amanecer. El apero cruzó la atmósfera y se hundió en la tierra fría. Nuestro aldeano repitió ese gesto dos veces antes de que surgiera su primera pieza. Terminó de arrancarla con las manos callosas y sucias.

  Con aire triunfal levantó la primera letra, era una hache. Una hermosa y blanca hache que lo miraba muda., saludable en su tipografía. Con el orgullo de haber realizado un buen trabajo, la depositó con cuidado en la cesta y siguió explorando los surcos plantados. Una "A", una "Z", una minúscula "i", una robusta y redonda "Q"...

  Siguió cavando hasta que llenó la cesta y se encaminó de vuelta al hogar pensando en el magnífico guiso de poesía que haría su mujer para comer ese día. La cosecha había sido tan abundante que tal vez podrían hacer conserva de cuentos para el invierno, o compota de esdrújulas que tanto gustaba a sus críos en la merienda.

  En verdad, aquella idea de cambiar de plantación, había sido la mejor recompensa al trabajo de tantos años. La única forma en la que no volverían a pasar hambre.

miércoles, 30 de enero de 2013

El último tango en París


            Tres historias son las que se entrelazan en la trama de El último tango: el cuento de Emma Zunz de Jorge Luis Borges, la pintura de Francis Bacon y el origen de ese baile al que llamamos tango. Son tres historias de pasión, muerte y venganza. Los personajes de la película buscan el conocimiento de sí mismos mediante la autodestrucción. Michel Leiris sugirió una vez al propio Bacon que “el masoquismo, el sadismo y casi todos los vicios, en realidad, eran tan solo maneras de sentirse más humano”.
            El tango nace en los arrabales de Río de la Plata y Montevideo y su baile pronto se alojará en los lupanares de París como una expresión de las más bajas pasiones, de la sensualidad. El tango es el baile de la carne donde los danzantes entrelazan sus piernas en un acto exhibicionista de la seducción hecha movimiento. Así es la historia de amor entre Paul y Jeanette: un baile erótico que profundiza en los más oscuros deseos del placer sexual.
            Otro paralelismo con el tango lo encontramos en la cuestión social. A pesar de surgir ligado a los bajos fondos y a un hibridismo cultural pronto es aceptado por las clases pudientes europeas; de esta manera, nuestra joven burguesa adopta la actitud lúdica del baile en sus encuentros furtivos con el maduro americano en ese apartamento de la calle Jules Verne de París. Esa es una de las grandes diferencias entre los protagonistas: ella toma como un juego ese escape que le proporciona el sexo, una manera de evasión de su vida aburguesada y monótona. De hecho, en una escena le dice a Paul algo así como “aquí me puedo sentir como una niña”. Para él, en cambio, los encuentros sexuales son una huida de su mísera existencia, de sus problemas.
Aquí es donde empieza la pintura de Bacon, en la disolución dentro de los excesos de la carne. Y es que el tema de las pinturas de Bacon es la vida en la muerte, cosa que se ha dicho del personaje de Brando: un hombre muerto en vida, sin pasado ni futuro, y del que solo vemos un presente lleno de amargura y falto de esperanza. Un hombre vapuleado por las circunstancias del suicidio de una esposa con un amante clónico, que se siente atrapado en el hotel que regenta.
Bertolucci nos presenta un personaje que no ha podido elegir nada en su vida, con una juventud difícil y una mujer que lo trataba como un huésped más del hotel aunque “con ciertos privilegios”, como le confesará al amante de Rosa. Solo elige una cosa: buscarse a sí mismo en el abismo de los excesos carnales que le ofrece la joven Jeannette, en ese apartamento alquilado y desangelado. Un piso vacío como su alma, que intenta llenar de la libertad que ofrece no saber nada del otro, ni de sí mismo.
La tercera historia, el cuento de Emma Zunz, es la venganza del amor. En el relato de Borges, la protagonista planea el asesinato de su patrón porque lo culpa del encarcelamiento y la muerte de su padre. Se cita con él, le dispara y repetirá sin cesar: “Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...” Casi las mismas palabras que Jeannette repite al disparar a Paul en la casa de su madre. Es la “venganza” que comete porque él se ha enamorado de ella; porque al final, ha entrado en el juego de enamoramiento que ella le exigía cuando le contaba cosas de su pasado, de su vida fuera del apartamento.
Para ella, todo era un capricho y al cansarse de ese juego rompe la baraja, de la manera más drástica que puede hacerse para convertir al film en un auténtico drama: lo mata haciendo retumbar en el espectador el final del cuento de Borges: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.”
El resto de historias de la película no son sino el ambiente para desarrollar ese drama. La tonta y superflua relación con el joven cineasta parodia (según se ha dicho) el estilo de la nueva ola francesa en su vertiente más pedante y burguesa. La moral católica más fanática de la madre de Rosa cierra más el círculo opresivo de las circunstancias vitales de Paul. El alegato a favor del suicidio del personaje que limpia la sangre de la bañera. El chanchullo de la prostituta y su cliente mendigando una habitación… Todo eso que queda fuera del apartamento es el límite del marco, el portarretrato de los dos personajes.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Diosas de barro

Las cosas ya no son como eran, ¿o sí?. En un mundo cada vez más cambiante, en esta época cada vez más trepidante no es extraño que las cosas cambien. Cosas como una presentación de un libro.
Al decir eso, uno piensa en un señor gordo, trajeado; una corbata que habla muy despacito sobre las virtudes del escritor que tiene a su lado y al que apenas conoce. Normalmente, no es necesario que este tipo haya leído el libro. Él solo está allí para dar cierta categoría al asunto puesto que ya es un literato de renombre...

Otras veces la cosa es más modesta y el señor que habla de ti sí que ha leído la obra y sí que te conoce, pero el resultado es el mismo: discurso desde el estrado y público que escucha pensando en los canapeses que van a servir a continuación (eso antes de la crisis, claro).

En cualquiera de los casos, la presentación se erige en un hecho aislado en el que solo la literatura tiene cabida. Es un forma de regodearse en las cualidades que tiene este arte aislado en el mundo. Lo que se olvida es que la pobre literatura no está sola en este mundo. Tiene otras hermanas que la esperan en la esfera de las musas. Familiares con los que, a lo largo de los siglos, ha jugado, a los que ama y apoya, hermanas inseparables aunque en ciertas ocasiones Cronos haya querido ver separadas. Y es que el tiempo es muy mal amigo y a veces ha intentado maliciosamente verlas enfadadas. 

Por eso hay veces que es bueno mirar hacia atrás y recordar esas interrelaciones entre las musas, recordar cómo conviven juntas en la fuente de Apolo. No en vano los estudiosos de las artes hablan de ciertos periodos de conjunción de las artes y los propios artistas han probado las mieles de las diferentes artes. Me voy a detener en ciertos ejemplos: Michelangelo no solo pintó la Sixtina, también sacó del mármol figuras como la Pietá o el David y en Italia se le estudia como uno de los poetas más prolijos del siglo XVI; Virginia Woolf sacaba tiempo para dedicarlo a la fotografía; nuestro Lorca era pianista; Picasso jugaba a veces a ser escritor y algunos de los pintores ingleses más relevantes de la escuela prerrafaelita, eran también admirados poetas. Esto solo es un pequeño muestrario.

Antes de que el furor del genio individual intentara arrasar con esas relaciones entre las musas, los artistas tenían claro que su contribución en su materia era una parte pequeña que se complementaba con las partes de otros artistas. El sistema gremial, amparándose en el aprendizaje, contribuyó a crear unas obras pictóricas en las que se aprecian muchas manos. Así, bajo la dirección del maestro, un pintor hacía el paisaje, otros las figuras, otros los animalejos, otros las arquitecturas... Por otro lado, el Siglo de Oro asistió a la representación de obras escritas en colaboración, Moreto, Calderón o Diamante, entre otros, escribieron conjuntamente obras teatrales, a las que pintores y músicos de prestigio en la época terminaban de dar vida para la escena.

Esta interrelación, esta conjunción de las artes, la reivindicación de la reconciliación entre las musas es lo que se pudo vivir y sentir en la presentación del libro de Begoña Regueiro, el jueves 22 en la sede de la TAI. De ese modo, Diosas de barro, no es solo un libro de poemas magnífico sino que se tornó en un espectáculo total donde la poesía de esta autora recibió un homenaje por parte de otras formas de arte. 

La velada, bajo la dirección de Andrea Rodrigo, comenzó con unas palabras de Manuel Pereira, reconocido escritor y poeta gallego. El discurso, nada al uso, fue una emotiva presentación de la autora y su obra. Con semejante comienzo se podía aventurar que el devenir del resto de la presentación no iba a encauzarse por  la convencionalidad que impera en estos actos. Y así fue, Begoña recitó a continuación uno de sus poemas en vez de hablar de influencias, inspiraciones y métodos de trabajo. Lo demás, fue un continuo placer estético donde pudimos deleitarnos con las  Diosas de barro acompañadas de la guitarra de Pablo Rioja. 

Más allá del recital, los poemas de Begoña inspiraron unas composiciones musicales de Víctor Zalalla que se usaron como transición en un espectáculo en el que pudimos ver un par de montajes de fotografía realizados por otra gran literata: Marta Gómez Garrido (cuyo nuevo libro Guardianes del olvido merece reseña aparte). Aunque baste con decir que las imágenes proyectadas son de Antonio Florez, fotógrafo consagrado, hay que señalar la profundidad tanto temática como estilística de las instantáneas. Los retratos, prácticamente todos de mujeres, que vimos eran auténticas esculturas vivas.Un desfile de diosas modeladas, ya no en barro, sino con una luz que emana de las propias figuras y que da un volumen especial y -repito- vivo a las imágenes.

También hubo cabida para el teatro. Si bien es cierto que no hubo una representación teatral en sí, varios de los poemas fueron dramatizados a cargo de los alumnos de la escuela TAI. La idea escénica de Andrea Rodrigo y de Patricia López era muy sencilla pero de gran calado dramático. Y es que la fuerza residía en el  sonido del texto que fue grabado por Patricia. Esta reproducción del poema enlatado otorgaba una dimensión extrahumana al poema, como si llegara directamente de la esfera poética. Además, el recitado estaba acompañado por ciertos sonidos, casi ruidos, que provocaron en el público una sensación desasosegante, cuya finalidad era la de conseguir una inestabilidad que no dejara indiferente al público. Creo que se consiguió.

Uno de los momentos más emotivos fue la lectura de un pequeño cuentecito inspirado en los poemas de Regueiro. Aunque fue casi imperceptible, la autora del texto, Patricia Barrera, casi queda ahogada al expresar la sentida dedicatoria que hizo contener a todos la respiración. La verdad es que merecería la pena reproducir el escrito en este espacio porque es un bocado exquisito donde la cotidianidad de una escena da un giro inesperado y nos traslada a un mundo ilógico donde las ilusiones y esperanzas quedan aplastadas; donde la diosa retratada no es más que un engranaje vapuleado por una sociedad que ya no siente ni espera nada.

La danza también tuvo representación en este hito. Inspirado en uno de los poemas de Diosas de barro, pudimos contemplar una breve muestra de lo que podría llegar a ser el libro expresado solo a través de la danza. Yo voto a tal y propongo que se realice esa representación de Diosas, que los poemas cobren vida en la danza...

En definitiva, la presentación fue un espectáculo total, una miscelánea donde las artes visuales, las escénicas, la música y la literatura se movieron de la mano y al unísono para presentar este nuevo librito de Begoña Regueiro. Bajo la batuta de Patricia López que rigió el evento de una manera soberbia, Diosas de barro fue el protagonista de una manera novedosa, simpática y amena de presentar una obra literaria en la que todo tiene cabida. Fue un acto sobrio y elegante, con lleno de público, que marcará un hito que espero se repita pronto.


martes, 6 de noviembre de 2012

Volar

El pelo se le volvió blanco, pero siguió soñando con que podía volar.

Un día abrió la ventana,

                                   acercó una silla y

con las fuerzas que le permitían sus más de ochenta años,

                      extendió los brazos,

se dejó mecer por el viento frío del invierno,

cerró los ojos y

pensó que ese no era el día para intentarlo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Nunca se había vinculado a nada. La mañana en la que despertó vio que estaba completamente sola. Su séquito no eran más que monigotes de papel y sacatrapos.

Sus amigos eran retratos en la pared llenos de polvo.

Había sido la mejor y no tenía a nadie a su alrededor. ¡Aún era la mejor!

Quizá por eso nadie la entendiera.

(8 oct 2012)

lunes, 8 de octubre de 2012

Homenaje

Sol radiante cuando sonríes
            -las cosas más pensadas salen mal-.
                                                            Seria: mar en calma.
                                                            La risa escandalosa
                                                            de ojos achinados.

Luz de la meseta castellana
                                                             de Salamanca a Soria;
de mí eres todo lo contrario:
                                                             desconocida, lejana
                                                             pero a la vez tan amiga
          que puedo asegurar que te quiero.

Te quiero con mayúsculas,
                                                             en valores absolutos;
                                                             sin que la carne enturbie
                                                             el sentimiento profundo.

                                                             Llena de contrastes,
ligera, tempestuosa, amable
                                                             -salvo en el despertar
                                                             en cuyo caso, es mejor
                                                             que no te hablen-.

                                                             Sé que te quiero
                                                             pero a veces
me confundo en el sentido.

Llana, esdrújula y aguda,
                                                               en todas las sílabas
                                                               tienes tú un acento.

lunes, 1 de octubre de 2012

Domingo


           Hay un gato blanco
          jugando con un chino;
          piano en el portátil.
          Fumo un cigarrillo
          mientras revolotea
          el lazo rosa
          mecido por la música.

          El animal va tras él.
         Mañanas de domingo laico,
         espectáculo circense,
         el gato se ha cansado,
         me mira: "¡Dile algo!"