Sí, es verdad. Siempre fui una
romántica. Nunca te dije lo contrario. Me encantan las cenas a la luz de las
velas, que si son perfumadas, por cierto, dan más ambiente para... Bueno, ya
sabes.
Precisamente lo que me enamoró de
ti fue que quisieras raptarme. Llevarme lejos de todo aquello que conocía. Me
impresionó que quisieras ir conmigo hasta el fin del mundo y, si era necesario,
un poco más allá.
Sin embargo, ya estoy harta. En
nuestra pequeña morada me ahogo. Me resulta imposible vivir aquí, sin luz… Sin
sentir en mi suave piel blanca el calor de los rayos del sol. Me consumen los
baños a la orilla de esa fría laguna Estigia y tu falta de interés por mí.
Haces más caso a ese estúpido
chucho, que no sirve ni de guardián ni de nada. Feo, muy feo y tonto. Con esa
cola que parece de serpiente… Me da escalofríos pensar en él.
Siento decírtelo así, pero ¡¡¡VUELVO CON MI MADRE!!!
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F. Leighton, El regreso de Perséfone |